04/04/2016Fiesta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro
La Imagen del Perpetuo Socorro o la Virgen de la Pasión es una imagen de estilo Oriental a la cual Edmundo Rice tenía especial devoción. En su primera obra educativa "Mount Sion" él mismo restauró un ícono del Perpetuo Socorro y desde entonces, en todas las comunidades de los Brothers no es extraño que haya una imagen así. La misma nos muestra a María, con el niño en brazos, estrechando sus manos con ternura. El niño confía en la Madre ante el temor que le causa la manifestación anticipada de los instrumentos de la Pasión presentados por dos ángeles. La sandalia que se le cae al niño es expresión del mismo temor. Las inscripciones de la parte superior vienen del griego y significan "María Madre de Dios". María sigue siendo para cada uno de los cristianos la Madre que nos estrecha con ternura en sus brazos y nos ampara ante cualquier desafío.
En la capilla del Colegio podemos disfrutar de una reproducción del Perpetuo Socorro realizada por el Pbro. Dr Ricardo Ramos, párroco de Ntra Sra de los Dolores (Parroquia de Tierra Santa). Ella nos ayudará a sintonizar en el amor a la Virgen que Edmundo vivió y por el cual realizó su obra de solidaridad.
Compartimos el mensaje del Equipo de Liderazgo Congregacional
27 de junio 2019
“No ores en una habitación sin ventanas” (El Talmud)
"Mi espíritu se regocija en Dios mi salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva” canta María en el Magníficat, reconociendo que en esa mirada que todo lo abarca está la fuente de su alegría más profunda: Dios la ha tocado con ternura, el más gracioso de los gestos, llenando su alma de puro placer. Pero María no se detiene allí, porque vuelve los ojos hacia donde Dios los tiene fijos y contempla la realidad con el mismo sentimiento con el que se ha sentido envuelta. Ella mira por la "ventana" de la realidad, al mundo que la rodea, con nuevos ojos, con una creciente conciencia de la precariedad y la dureza de la vida para muchos, especialmente para los hambrientos, pobres y oprimidos.
María se dejó guiar por el Espíritu, en un camino de fe, hacia un destino de servicio y fecundidad. Ella es la mujer de oración y trabajo en Nazaret, y también es Nuestra Señora del Socorro, que sale de su pueblo "con prisa" para estar al servicio de los demás. Esta interacción, animada de justicia y ternura, de contemplación y preocupación por los demás es lo que nos hace (como lo hizo Edmundo) mirar a María en busca de inspiración en nuestras vidas como Hermanos.
La vida genuina del Evangelio es inseparable de la entrega, las relaciones sanas y el servicio atento. Estamos llamados a correr el riesgo de encontrarnos cara a cara con los demás, con su dolor y sus súplicas, con su alegría y esperanza que nos envuelven en nuestra interacción cercana y continua. Para ir más allá de nuestra uniformidad mental, tenemos que extendernos hacia afuera, donde nuestros egos siempre encuentran una amenaza, porque significa renunciar a nuestro aislamiento, nuestra cuestionable superioridad y nuestra obsesiva necesidad de controlar. Sigamos el ejemplo de María y tomemos en serio la exhortación del Papa Francisco cuando dice: "Avancemos un poco más para dar el primer paso y sentirnos comprometidos con los otros" (EG, 24).
Equipo de Liderazgo Congregacional